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Oficina del Secretario de Prensa
17 de enero de 2009

Discurso Radial del Presidente a la Nación

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Buenos Días.

          Durante los últimos ocho años, he tenido el honor de hablarle al pueblo estadounidense todos los sábados de mañana a través de este discurso de radio.  En centenas de transmisiones, les he hablado sobre temas importantes que afectan nuestra seguridad y nuestra prosperidad.  Y hoy, en mi último discurso, les quiero enviar  un mensaje sencillo y sentido de corazón: gracias.

          Hace ocho años, Laura y yo dejamos nuestro hogar en Tejas para venir a Washington.  Durante dos períodos en la Casa Blanca, hemos sido bendecidos por sus palabras gentiles y sus oraciones generosas.  Hemos sido inspirados por aquellos de ustedes que dan la mano para alimentar a los que tienen hambre, vestir a los necesitados, y cuidar a los enfermos.  Hemos sido conmovidos por la valentía y la devoción de aquellos de ustedes que portan el uniforme.

          Servir como su Presidente ha sido un honor increíble.  Como todas las personas que han ocupado este cargo antes de mí, he sufrido reveses. Hay cosas que haría de forma distinta si tuviera la oportunidad.  Sin embargo, siempre he actuado con los mejores intereses de nuestro  país en mente.  He seguido mi conciencia y he hecho lo que consideré correcto. Ustedes quizás no estén de acuerdo con algunas decisiones difíciles que tomé.  Pero espero que estén de acuerdo de que estuve dispuesto a tomar las decisiones difíciles.

          Las décadas por delante traerán más decisiones difíciles para nuestro país, y hay algunos principios orientadores que deberán forjar nuestro camino.

          Aunque  nuestra Nación está más segura de lo que estuvo hace siete años, la amenaza más seria a nuestro pueblo sigue siendo otro ataque terrorista.  Nuestros enemigos son pacientes y están empeñados en atacarnos nuevamente.  Estados Unidos no hizo nada para buscar o merecer este conflicto.  Pero se nos ha dado responsabilidades solemnes, y debemos cumplirlas.  Debemos resistir la autocomplacencia.  Debemos mantener nuestra determinación.  Y nunca debemos bajar la guardia.

          Al mismo tiempo, debemos seguir involucrando al mundo con confianza y propósito claro.  Ante amenazas del extranjero, puede ser tentador buscar confort mirando hacia adentro.  Pero debemos rechazar el aislamiento y su compañero, el proteccionismo. Retirarnos detrás de nuestras fronteras sólo invitaría el peligro.  En el siglo 21, la seguridad y la prosperidad en casa dependen de la expansión de la libertad en el extranjero.  Si Estados Unido no encabeza la causa, esa causa no tendrá liderazgo.

          A medida que enfrentemos estos desafíos - y otros que no podemos prever hoy en día - Estados Unidos debe mantener una claridad moral. Frecuentemente les he hablado sobre el bien y el mal.  Esto ha sido incómodo para algunos.  Pero el bien y el mal están presentes en el mundo, y entre los dos no puede haber ningún compromiso.  Asesinar a los inocentes para avanzar una ideología siempre está mal, en cualquier parte.  Liberar a los pueblos de la opresión y la desesperación es eternamente lo correcto. Esta Nación debe continuar abogando la justicia y la verdad.  Siempre debemos estar dispuestos a actuar en su defensa - y avanzar la causa de la paz.

          Hace ocho años, en una mañana fría de enero, me paré en los escalones  del Capitolio de los Estados Unidos, puse mi mano sobre la Biblia y tomé un juramento sagrado de defender a nuestro pueblo y a nuestra Constitución.  En ese día, hablé de "la gran historia de nuestra Nación de coraje y su sueño sencillo de dignidad".  La semana entrante, mi período de servicio llegará a su fin - pero esa historia y ese sueño continuarán.

          El martes Laura y yo nos uniremos a todos los estadounidenses en ofrecer nuestros mejores deseos al Presidente Obama, su esposa Michelle, y sus dos lindas hijas.  Y más tarde ese día, regresaremos al amor de familia y amigos en Tejas.  Yo dejaré mi cargo orgulloso del récord de mi Administración.  Y pasaré el resto de mi vida agradecido por la oportunidad de haber servido como el Presidente de la mejor Nación del mundo.

          Gracias por escuchar.


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